En el seguro de responsabilidad civil no existe el siniestro total: el resarcimiento del tercero perjudicado cuando sus bienes dañados valen menos de lo que cuesta repararlos

Vamos a comentar en este artículo una circunstancia que observamos con cierta frecuencia y que consiste en la pretensión de algún asegurador de aplicar el concepto de “siniestro total” a las indemnizaciones que debe pagar a un tercero perjudicado. Insistimos en este detalle: se trata de indemnizaciones a favor de un tercero perjudicado que debe pagar el asegurador de responsabilidad civil, no de las indemnizaciones que paga el asegurador a su propio asegurado en cumplimiento de un seguro de daños.

Sobre las diferencias entre el seguro de daños y el seguro patrimonial (significativamente, el de responsabilidad civil), recordamos un artículo que publicamos en este mismo Blog el pasado 5 de enero de 2021   https://glarusiberica.wordpress.com/2021/01/05/la-regla-proporcional-y-la-regla-de-equidad-ii/

¿Qué es el siniestro total?

En el seguro de daños (sólo en el seguro de daños) se considera que existe siniestro total cuando el coste de reparar el bien asegurado es mayor que el valor de mercado (valor venal) de dicho bien en el momento inmediatamente anterior al siniestro.

El siniestro total sólo puede darse en un seguro de daños ya que es el único en el que se asegura el interés económico que recae sobre una cosa (o conjunto de cosas) concreta y susceptible de venta en el mercado.

¿En los seguros de personas puede existir un siniestro total?

La pregunta puede resultar absurda para cualquier persona con ciertos conocimientos sobre el seguro pero, dado el afán divulgativo de este Blog, comentaremos que, por supuesto, no cabe el concepto de siniestro total en los seguros de personas ya que el objeto asegurado (la vida o la integridad de una persona) no está en el mercado y no es posible afirmar jamás que el daño sufrido (un fallecimiento, una invalidez) sea de mayor importe que el valor de ese bien en un mercado que es inexistente.

¿En los seguros de responsabilidad civil puede existir un siniestro total?

En los seguros patrimoniales se asegura un patrimonio o, mejor dicho, la integridad de un patrimonio, con el fin de que éste no se vea disminuido por el nacimiento a su cargo de deudas por responsabilidad civil. Los bienes propiedad de terceros que resulten dañados no están asegurados por la Compañía del responsable y, por tanto, no cabe que se aplique respecto a ellos el concepto de siniestro total.

Si su reparación fuera de mayor importe que el valor del bien, la aseguradora no puede invocar el “siniestro total” para limitarse a pagar solamente el valor del mercado de ese bien. La aseguradora cubre al responsable civil, cuya obligación consiste en indemnizar (“dejar indemne”) al tercero perjudicado, lo cual significa “reparar íntegramente el daño causado, como si éste no hubiera ocurrido”. Por lo tanto, si es necesario reparar el bien y asumir un coste mayor que el que tenía antes del siniestro, el asegurador de responsabilidad civil debe asumirlo y pagar.

Lo expresado en el párrafo anterior es rigurosamente cierto en técnica aseguradora pero ha sido moderado por la practica y por algunas decisiones judiciales que han considerado que, efectivamente, el daño debe ser reparado íntegramente pero moderando su importe cuando el coste de la reparación excede notablemente el valor del bien que se repara.

Por ejemplo, imaginemos que la reparación de un vehículo de veinte años de antigüedad, cuyo valor venal en mercado es de mil euros, asciende a 3.500 euros. La teoría expresada anteriormente obligaría a pagar una reparación que supera notablemente el valor del bien. Desde luego, no se puede aplicar la teoría del “siniestro total” y habrá que recurrir a artificios diferentes para moderar la indemnización a pagar. Resumiremos a continuación los argumentos más frecuentes, que esperamos sean de utilidad para los tramitadores de siniestros:

  • La doctrina de la “proscripción del enriquecimiento injusto”: dejar indemne al tercero perjudicado implica que no sufra un deterioro económico por culpa de un tercero, pero también conlleva que no obtenga más de lo que él tenía antes del siniestro. Por tanto, debe tratarse de mantenerle con un bien que le preste el mismo servicio o le ofrezca igual utilidad que la que obtenía antes del siniestro, lo cual puede conseguirse reemplazando el objeto por uno de similares características que le sirva para fines similares a los que conseguía con el objeto dañado. Siguiendo con el ejemplo que exponíamos más arriba: ofrezcámosle un vehículo de segunda mano que, sin costar tanto como la reparación (3.500 euros), le sirva para lo mismo. Puede fijarse una horquilla de entre 1.000 y 2.000 euros, dependiendo de los informes periciales.
  • La doctrina del “valor de afección”: se trata de compensar al propietario del bien abonándole el valor venal de éste más una cantidad adicional de dinero denominada “valor de afección”, con la que pretendemos compensar ese aprecio especial tiene el poseedor por el bien que posee, ya sea por motivos sentimentales (por ejemplo, el coche era heredado de su madre), de comodidad (ya dominaba su manejo), de incomodidad (va a tener que ponerse a buscar un bien similar al que él tenía) o de simple utilidad personal (el servicio que le hacía)  Se trata de compensar una especie de “daño moral” por la pérdida del bien dañado. En la práctica (y de la práctica trata este Blog) encontramos que, con todas las salvedades que pueda haber en casos especiales, ese valor de afección se compensa mediante el pago de un incremento sobre el valor venal que suele situarse entre el 20% y el 50% de éste. Siguiendo con el ejemplo que nos ocupa, el “valor se afección” del dueño del coche de mil euros se resarciría mediante el pago de una cantidad adicional de entre doscientos y quinientos euros. Con esa cantidad adicional se consideran resarcidas, en muchas ocasiones, las incomodidades que pueden haberse causado al tercero perjudicado.

Esperamos que estos argumentos sean útiles a los tramitadores cuando deban negociar la liquidación de siniestros de responsabilidad civil en los que concurran estas circunstancias.

Justo Jiménez Fuentes – Director General de Glarus Ibérica

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